Cuerpas migrantes, Servicios tu libertad

Pantalla de luz publicitaria
Poema de la poeta mexicana migrante Ale Oseguera
2023

Cuerpos migrantes, Servicios tu libertad cuestiona cómo los cuerpos desplazados sostienen economías y cuidados mientras permanecen sin representación. La obra visibiliza la mujer migrante reducida a función y exotismo, transformando su marginalidad en un gesto estético y político que confronta hegemonías.

luminoso

Este proyecto se sitúa en el cruce entre arte, literatura y crítica social, abordando la tensión entre sujetos históricamente desposeídos de representación y su aspiración a ser reconocidos dentro del cuerpo político. A partir del poema de la escritora y migrante mexicana Ale Oseguera, la propuesta articula una poética de la dislocación y la resistencia. La voz femenina migrante revela cómo el cuerpo se convierte en territorio de proyección ajena: madre potencial, cuidadora, narradora de exotismos o bailarina folclórica.

El gesto artístico radica en exponer esa violencia simbólica que convierte a la mujer migrante en dispositivo funcional y silenciado, negando su historia y subjetividad. El contraste entre imaginarios impuestos y memorias urbanas concretas desestabiliza la narrativa hegemónica, interpelando al espectador desde una perspectiva decolonial y de género. El proyecto no solo presenta un testimonio, sino que activa un espacio de representación crítica donde la voz migrante se afirma como acto estético y político.

El proyecto visibiliza la paradoja de una sociedad que necesita de esos cuerpos para mantener su economía, pero los margina simbólica y políticamente. La propuesta convierte la fractura entre centro y periferia en un gesto estético y político de resistencia y afirmación.

Poema

Me llamaban mujer porque tenía el cuerpo de las que paren. Y aunque mi rostro les generaba desconfianza, mi color les animaba a acomodar a sus hijos en mis brazos. Yo no sabía qué hacer con esas criaturitas. Ellos me miraban el vientre y los pechos, medían la amplitud de mis caderas. Preguntaban: ¿para cuándo el tuyo? Yo, perpleja, soñaba que me convertía en un árbol de metal que dejaba caer a sus bebés contra el asfalto. ¿Uno propio? No, no quiero una flor que no pueda regar. Y se quedaban tan tranquilos al comprobar que en mis brazos no cabía más que el suyo.

Luego vinieron a traerme a sus ancianos. Decían que de mí irradiaba un calor que les hacía vivir más años. Me los dejaban al borde de sus camas, yo apretando dedos casi tiesos, amarillos, casi secos. Nunca supe honrar a un muerto ajeno.

Después me pidieron que contara una historia. Yo hablé de noches nevadas, de Saturno y las galaxias, de un amor en las montañas, caballos de colas blancas y de matemáticas. Silenciaron con celo mi boca y sus oídos. Me exigieron que evitara la mentira, que fuera valiente y confesara los colores de mi vida, mis juegos de la infancia, cabalgando ocelotes salvajes en espesas selvas profundas.

Pero en mis manos no había jungla.

Yo crecí en bloques de cemento, burbuja inmobiliaria sin cristal en las ventanas, aulas de colegio angulosas e industriales, rezos de monjas católicas, semáforos descontrolados y máquinas aladas.

No quisieron escuchar más nada. Ellos ya sabían de motores, de columnas y de espejos. Ellos los habían inventado.

Entonces me pidieron que bailara. Querían que mi cuerpo emitiera la música con la que despiertan a las bestias. Me gritaban: ¡Mueve en curvas las caderas! Aplaudieron, vitorearon, lanzaron sus monedas. Tropecé. Mis piernas no entendían sus cartografías, sus fórmulas exactas. Mis pies no tenían memoria, no esa memoria, no esa sangre.

Yo, la música, la entendía cantando desde dentro: los intestinos, la vagina, los dedos de las manos, la historia (la real, no la de los libros). Pero para entonces ya había entendido que mi voz no servía porque no era mía, era prestada.

Ale Oseguera

Exhibición

Este proyecto hace parte de la exposición colectiva Mapeográfica. Bitácora de ciudad. Centro Cultural Paco Rabal. Noviembre 2023